EL SOL, MÁS ACTIVO DE LO QUE PARECE

Imágenes del Sol tomadas por el Observatorio Solar Big Bear en California (Estados Unidos)

Las observaciones son parte del programa que se trabaja de forma conjunta con la misión ‘Interface Region Imaging Spectrograph’ (IRIS) de la NASA y el Observatorio de Dinámica Solar (SDO, por sus siglas en inglés) y el satélite Hinode. El telescopio es operado por el Instituto de Tecnología de New Jersey (NJIT, por sus siglas en inglés) y está ubicado en la mitad de un lago, a 2.060 metros de altura sobre las montañas del Sur de California.

“Hemos logrado medir en el Sol cosas del tamaño de Bogotá. Se pensaba que era calmado, pero vemos que hay mucha actividad a esta escala tan pequeña y que sucede muy rápido: aproximadamente cada 15 segundos el Sol cambia su configuración y hay variaciones en las pequeñas estructuras de su compleja atmósfera. Vale decir que gran cantidad de elementos fundamentales de la actividad solar ocurren en escalas pequeñas de unos cientos de kilómetros y aún menores”, afirma Vargas, quien desde comienzos de año trabaja en el Big Bear.

Para explicarlo de otra manera: es como lograr ver un carro circulando en Australia, desde Colombia. El Astro Rey se encuentra, aproximadamente, a unos 150 millones de kilómetros de la Tierra, y tiene unos 1’400.000 kilómetros de diámetro.

“Con este telescopio no solo podemos tomar imágenes de mucha calidad sino hacer secuencias para ver la evolución de las estructuras solares: podemos ver cómo cambia la superficie del Sol y su atmósfera. Lo que más nos ha llamado la atención es que en regiones que se pensaban eran bastante tranquilas se encontró mucha actividad, que se ve reflejada en erupciones pequeñas que tienen lugar todo el tiempo”, agrega el experto.

Estas microexplosiones, que suceden en gran cantidad de lugares en la atmósfera solar, ocurren cuando el campo magnético que emerge de las manchas solares y de otras áreas asciende hasta llegar a la atmósfera y allí interactúa con otro campo magnético ya existente, liberando energía y contribuyendo al calentamiento de la atmósfera solar.

Estos pequeños elementos de campo magnético y plasma podrían ayudar a explicar por qué la temperatura del Sol es mucho más alta en su corona (esa parte externa que se ve en los eclipses) que en su interior y superficie, alcanzando los 12 millones de grados centígrados.

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